sábado, 27 de mayo de 2017

El hombre que hablaba con los animales (cuento sufí)

Un día un hombre se presentó ante Moisés y le dijo:
“¡Oh, Moisés! enséñame el lenguaje de los animales. Pues mi fe, con este conocimiento, no puede sino aumentar. En efecto, hay ciertamente lecciones que aprender en las conversaciones de los animales. Los hombres, por su parte, no hablan más que de agua y de pan.”
Moisés le respondió:
“¡Vete! No te ocupes de eso. Hay mucho peligro en esa empresa. Si deseas adquirir la sabiduría, pídela a Dios, ¡pero no a palabras, a libros o a labios!”
El deseo del joven no hizo sino aumentar con esta negativa, pues una aspiración que encuentra un obstáculo se convierte en deseo. El joven, pues, insistió:
“No te opongas a mi aspiración, eso sería indigno de ti. Tú eres el profeta y sabes que una negativa por tu parte me hundiría en la mayor de las tristezas.”
Moisés se dirigió entonces a Dios:
“¡Oh, Dios mío! ¡Este ingenuo ha caído en manos de Satanás! ¡Si le enseño lo que desea, corre a su perdición y si me niego, quedará lleno de rencor!”
Dios respondió entonces a Moisés:
“¡Oh, Moisés! ¡Haz lo que te pide, pues yo no podría dejar una plegaria sin respuesta!
-¡Oh, Señor! ¡Se arrepentirá amargamente, que no todos pueden soportar tal saber!
-¡Acepta su petición! dijo Dios, o, al menos, responde parcialmente a ella.”
Moisés se dirigió entonces al joven:
“Te arriesgas a perder tu honor con tal deseo. Harías mejor renunciando, pues Satanás es el que, con su astucia, te inspira esa tentación. ¡Llénate más bien del temor de Dios!”
El joven le suplicó:
“¡Enséñame al menos el lenguaje de mi perro y de mi gallo!”
Moisés le respondió:
“Eso es posible. Podrás entender el lenguaje de esas dos especies.”
Volvió, entonces, el joven a su casa y esperó el amanecer en el umbral de su casa para verificar su nuevo saber. Muy temprano, su criada se puso a limpiar la mesa e hizo caer al suelo algunos trozos de pan. El gallo, que pasaba por allí, se los comió. En aquel instante, acudió el perro y le dijo:
“Lo que haces es injusto. Tú te alimentas de semillas, pero para mí, eso es imposible. ¡Habrías tenido que dejarme esos trozos de pan!
-¡No te preocupes! respondió el gallo, pues Dios ha previsto otros favores para ti. Mañana, el caballo de nuestro amo va a morir y tú y tus compadres podréis saciaros. ¡Será un alborozo sin límites para vosotros!”
Al oír estas palabras, el joven quedó muy sorprendido y llevó su caballo al mercado para venderlo.
Al día siguiente el gallo se apoderó de nuevo de los restos de la comida de su amo antes que el perro. Este se puso a renegar:
“¡Oh, traidor! ¡Oh, mentiroso! ¿Dónde está ese caballo cuya muerte me anunciabas?”
El gallo replicó sin alterarse:
“Pero el caballo ha muerto realmente. Nuestro amo, al venderlo, ha evitado desde luego perderlo, pero era retroceder para saltar mejor, pues mañana, es su mula la que va a morir y tendréis más que suficiente para saciaros.”
El joven, presa del demonio de la avaricia, fue a vender su mula al mercado, creyendo evitar así esta pérdida. Pero al tercer día, el perro dijo al gallo:
“¡Oh, tramposo! Eres, con toda seguridad, el sultán de los embusteros!”
El gallo respondió:
“El amo ha vendido su mula, pero no te inquietes pues, mañana, es su esclavo el que va a morir. Y, como de costumbre, distribuirá pan a los pobres y a los perros.”
Habiendo oído estas palabras, el joven fue a vender a su esclavo diciendo:
“¡He evitado tres catástrofes!”
Pero, al día siguiente, el perro se puso de nuevo a recriminar al gallo tratándolo de mentiroso. Este respondió entonces:
“¡No, no! te equivocas. Ni yo ni ningún gallo mentimos nunca. Somos como los almuédanos. Siempre decimos la verdad. Nuestro trabajo consiste en acechar el sol y, aunque estemos encerrados, sentimos su llegada en nuestro corazón. ¡Si nos equivocamos, nos cortan la cabeza!”
“Ya ves, prosiguió el gallo, la persona que ha comprado al esclavo de nuestro amo ha hecho un mal negocio, pues este esclavo ha muerto ya. Pero mañana, toca el turno de morir a nuestro amo y sus herederos se alegrarán tanto que sacrificarán la vaca. Te lo digo: mañana será un día de abundancia para todos. Tú quedarás satisfecho más allá de tus deseos. Nuestro amo, dominado por la avaricia, se ha negado a perder cualquier cosa. Sus bienes han crecido, pero él va a perder la vida con ello.”
Cuando hubo oído esto, el joven, temblando de miedo, se precipitó a casa de Moisés y le dijo:
“¡Moisés, ayúdame!”
Moisés respondió:
“¡Tienes que sacrificarte tú mismo si quieres salvarte, pues has trasladado tus contrariedades sobre los hombros de los fieles para llenar mejor tu bolsa!”
A estas palabras, el hombre se puso a llorar:
“¡No te muestres tan severo! No me tires de las orejas. Es verdad que he cometido un acto indigno. ¡Responde a mi indignidad con un nuevo favor!
-La flecha ha dejado el arco, dijo Moisés y no podría dar media vuelta. Pero rogaré a Dios para que te conceda la fe, pues, para quien tiene la fe, la vida es eterna.”
En aquel mismo instante, el joven sufrió una indisposición cardíaca y cuatro personas lo llevaron a su casa. Cuando llegó el alba, Moisés se puso a rezar:
“¡Oh, Señor! No le quites la vida antes de que haya adquirido la fe. Se ha conducido mal. Ha cometido muchos errores, pero perdónalo. ¿No había yo dicho que este saber no le convenía? Ningún ave puede sumergirse en el mar si no es un ave marina. El se ha sumergido sin ser ave marina. ¡Ayúdale, que se ahoga!”.
Dios respondió:
“Ya lo he perdonado y le ofrezco la fe. Si tú quieres, puedo también darle la vida, pues por ti, yo resucitaría a los muertos.
-¡Oh, Señor! dijo Moisés, aquí está el mundo de los muertos. El más allá es el mundo de la vida eterna. ¡Es, pues, inútil que lo resucites temporalmente!”
Por Yalal Al-Din Rumi

domingo, 9 de abril de 2017

Ciudadela

Sorprendido leyendo Ciudadela de Antoine de Saint-Exupéry, un autor que tenemos por olvidado más allá de El Principito...una obra mucho más desafiante por extensión y dificultad, pero que sin duda nada envidia al pequeño hombrecillo galáctico en cuanto a profundidad...aquí algunas citas de valor del libro:


Nada se espera del hombre que trabaja para su propia vida y no para la eternidad.

Sólo importa la diligencia. Porque ella es la que dura y no el fin que es ilusión del viajero, cuando marcha cresta en cresta como si el fin perseguido tuviera sentido.


Si tu amor no espera ser acogido debes callarte. Puede alentar en ti si es silencio. Porque crea una dirección en el mundo y toda dirección te aumenta cuando te permite aproximarte, alejarte, entrar, salir, hallar, perder. Porque eres el que debe vivir.

Cuán insensato el que pretende buscar la dicha de los hombres en la satisfacción de sus deseos, creyendo, de tanto mirarlos andar, que lo que ante todo cuenta para el hombre es el alcanzar el fin. Como si hubiera algún fin.

No inventes un imperio donde todo sea perfecto. Porque el buen gusto es virtud de guardián de museo. Y si desprecias el mal gusto, no tendrás ni pintura, ni danza, ni palacio, ni jardines. Habrás hecho el disgustado por temor al trabajo desaseado de la tierra. Te verás privado por el vacío de tu perfección. Inventa un imperio donde simplemente todo sea ferviente.


Unificar, es anudar mejor las diversidades particulares, no borrarlas para un orden vano.

La dificultad te entrega y te aporta la única libertad que cuenta.


¡Soy Tu!

Un buen día, Juan, un hombre honrado y piadoso, muere.

Como ha llevado una vida valiente, digna y con amor, automáticamente su Alma asciende al cielo.

Al llegar, se encuentra con una enorme puerta dorada.Después de esperar unos instantes,llama con tres golpes.

-¿Quién es? - Pregunta el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Juan - Responde el Alma.

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Sorprendido y consternado, el hombre se queda a la puerta sin saber qué hacer.

Después de algunos meses (que en la Tierra equivalen a algunas horas) reflexionando, vuelve a llamar:

-¿Quién es? - Pregunta de nuevo el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Nadie - Responde Juan-Alma

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Desolado y confuso, Juan-Alma se sienta a meditar durante algunos años (que en la Tierra equivalen a unos pocos meses) hasta que, serenada su comprensión, golpea tres veces la puerta.


-¿Quién es? - Pregunta otra vez el arcángel Miguel desde dentro.

-¡Soy Tu!


La puerta se abre al momento.



domingo, 2 de abril de 2017

El Quiosco

Un compañero nuestro iba cada día a comprar el periódico en un quiosco dónde el propietario, un hombre frustrado e irritable, siempre lo trataba con menosprecio y desdén.
Sucedía que a sólo un minuto del mismo había otro establecimiento en el que también era posible comprar el mismo periódico, pero el compañero en cuestión iba religiosamente al primero, día tras día.

Cuando, extrañados por su proceder, le preguntamos por que razón no iba al segundo quiosco, nos espetó:

-¿Y porque habría de decidir el quiosquero donde compro o no compro yo el periódico?




¿Cuándo nos comportamos como seres humanos responsables de nuestros impulsos y nuestra voluntad, y cuándo como animales reaccionarios y a merced de lo exterior?

sábado, 1 de abril de 2017

Maktub II

Caminaba con mi editor y su mujer, por un parque. Pudimos ver la ciudad de San Francisco a lo largo, iluminada por un sol potente.Ella escribió un libro sobre un monasterio benedictino, y cuenta que las oraciones de la tarde, llamadas "Vespertinas", son cantos de esperanza para la certeza de que la noche pasará.

"Las vespertinas nos indican la necesidad que tenemos de aproximarnos al otro, cuando la noche llega", dijo ella. "Nuestra sociedad aprecia mucho la capacidad que cada uno tiene de lidiar con las propias dificultades. Este individualismo lleva a la desesperación y a la soledad.

Fingimos que no nos importa la atención de los otros, mas basta un gesto de cariño y nuestra pose de héroe cae por tierra".

"No tengo miedo de depender del prójimo: él también está precisándome a mí". 

miércoles, 29 de marzo de 2017

Mirror

Todo empezó cuando el genial payaso barcelonés, Charlie Rivel (nombre artístico en homenaje a Charlie Chaplin) hijo de un catalán y de una francesa, una noche…
Entró en la pista del circo y aún no había empezado su actuación cuando un niño empezó a llorar desesperadamente (probablemente era la primera vez que veía a un payaso). Charlie no podía empezar su actuación pues el público estaba más pendiente del escandaloso llanto del niño que del payaso. Se acercó cautamente hacia el niño para hacerle una caricia e intentar calmarlo, pero el efecto fue el contrario y el niño empezó a llorar aún con más fuerza entre las risas, medio divertidas medio enternecidas, del público adulto. Rivel, profundamente conocedor de la psicología infantil, se retiró hacia el centro de la pista y empezó también a llorar, desconsoladamente, solidariamente. Con eso bastó. El niño se calló en el acto, con unos ojos abiertos, enormes por la sorpresa de haber descubierto que aquel ser rojo y amenazador se sabía expresar también con su mismo lenguaje tan transparente y directo, el llanto. Rivel continuó llorando y cuando, todavía lloroso, se volvió a acercar hacia el niño, ya totalmente calmado y mirándolo electrizado, la criatura se sacó el chupete de la boca y se lo dio a Charlie, en un acto de solidaridad. El llanto de Rivel igualmente cesó y el público arrancó en aplausos ante aquella tierna e incrieble escena. El payaso aceptó el ofrecimiento del niño y, hoy, aquel chupete histórico se conserva en las vitrinas del Museo Charlie Rivel de Cubelles, su ciudad natal.

martes, 28 de marzo de 2017

Neverending polarity

Nasrudín, quien vivía en el desierto, en una cabaña en las afueras de la ciudad, se enteró de que aquel día el mismísimo rey iba a cruzar con su comitiva el desierto, justo en aquella zona, dónde años atrás hubo una heroica batalla, en la que su padre perdió la vida.
Nasrudín tuvo una idea, y al instante se puso a excavar por la zona y a sacar diversos restos de la batalla, la mayoría ya bajo tierra.
A mediodía, cuándo la comitiva real cruzaba por allí, vieron a Nasrudín juntando huesos y más huesos de los cuerpos caídos en la batalla.
El rey, intrigado, le pregunto:
"-Nasrudín, ¿Se puede saber qué tontería estás haciendo?"
"-Ninguna, mi rey.Solo que me enteré que usted iba a pasar con su comitiva hoy por aquí, y pensé en honrar a su majestad juntando los huesos del antiguo rey, su difunto padre.
Pero, por más que busco, me temo que sus huesos son iguales a los del soldado, el herrero, el campesino..."
La tradición sufí acostumbra a sellar este cuento con la siguiente frase:
"En la Vida, la igualdad es imposible.
En la Muerte, la desigualdad es imposible."