domingo, 27 de septiembre de 2015

Observador

Hace unos años, me compré un telescopio de corto alcance para aficionados, que usé unas pocas veces antes de prestarlo y del cual nada he vuelto a saber.

En una de mis incursiones nocturnas a la observación cósmica, con un aparato que a duras penas alcanzaba a visualizar con cierta nitidez los cráteres lunares y las capas exteriores de Venus, y mientras calibraba la dirección del telescopio, mi ojo derecho se encontró de repente con una maravilla de lo que parecía ser una distante nebulosa, con su cúmulo de estrellas y sus múltiples variaciones.Yo - absorto ante la maravilla de colores y formas - ni siquiera reflexioné acerca de la más que probable imposibilidad de haber realizado un hallazgo de esa magnitud con un instrumento tan limitado.
Al rato, extasiado por la visión, retiré mi vista y observé alrededor.
Enseguida me di cuenta que el telescopio estaba apuntando muy cerca de una farola situada cerca de mi casa.


La fractalidad del Universo se me hizo más evidente - y literal - que nunca.

Ajedrez

Hoy estoy poco metafísico, y como me he pasado medio domingo jugando al ajedrez, quisiera relatar mi experiencia en mi primer torneo oficial de este noble entretenimiento, en el que participé este verano en el marco de la fiesta mayor de mi pueblo.

Se trataba de un torneo "relámpago" con un tiempo de 4 minutos por partida hasta un máximo de 9,que puntuaba para la clasificación estatal (puntuación válida sólo para participantes federados, claro).

Bien, quisiera comentaros un par de situaciones que para un servidor fueron cuándo menos novedosas, para tener prevenido al ocasional lector en caso de que se aventure a semejante andanza.

No había división por categorías (ni edades, ni niveles) así que la amalgama de participantes era de lo más variopinta.Se hacen los sorteos y mi primer rival es un hombre de mediana edad que parece experimentado, por la seguridad que muestra.

Primera sorpresa: en un momento dado, durante los primeros movimientos de la partida, tomo el alfil pensando en que movimiento hacer, pero lo dejo al momento al no verle acción plausible.
Pues bien, el hombre con cara de indulgencia, me dice que esto no es legal, que si tocas una pieza estás obligado a moverla, pero me dice "no pasa nada por esta vez" y prosigue el juego.Vaya sorpresa.Termino derrotado.

La segunda partida con otro hombre de mediana edad, la gano.
"Bueno", pienso "al menos no terminará la cosa en humillación total".

En la tercera me encuentro con un chaval de unos 12 años."No te fíes un pelo", pienso.

Y ahí se da mi segunda sorpresa en lo que a normativa se refiere, esta a todas luces mayúscula:

A media partida muevo una pieza cualquiera y el niño me suelta un "ilegal", dándome la mano y dando por finalizada la partida.
Yo perplejo le pregunto "¿Qué?" Y el chaval me responde (ligeríssimo todo él) "estabas en jaque y has movido otra pieza" (es decir, una pieza que no iba destinada a anular el jaque).

Me quedo todo alucinado viendo que efectivamente, estaba en situación de jaque, pero que él - como es costumbre desde que empecé a jugar - no me había avisado.

Luego un participante cercano me dijo que a nivel de normativa el oponente no está obligado a avisar de que ha realizado un jaque a su adversario, y que si el otro no se da cuenta y mueve otra pieza, pierde automáticamente.

Primera reacción, perplejidad.Segunda, entrañable, pensando "menudo pillo".
Tercera, absoluta indignación.Me explico.

Nada más terminar la partida, nuestro pilluelo se va dónde sus padres (terraza próxima al local del torneo) y les dice: "me ha vuelto a funcionar", ante las felicitaciones de sus familiares.

Entiendo immediatamente que los propios progenitores son los que "adiestraron" al niño a ganar de semejante forma, legal aunque a todas luces sucia, ante los desprevenidos neófitos en torneos oficiales.

No merece la pena, por manifiestamante falso y prejuicioso,  discurrir en la aseveración que defiende que el niño, dada su edad, tiene inferior nivel y por tanto la jugarreta está justificada a nivel moral.La razón es sencilla: había en el torneo diversos participantes que no juegan al ajedrez - es decir, nunca o casi nunca - y en el caso que nos ocupa la mayor parte de menores estaban tomando clases semanales con profesor.

Pues bien, sabiendo esto, más admirable y sorprendente me resultó luego constatar que todos los susodichos participantes menores de edad en el torneo habían utilizado reiteradamente la misma táctica, resultando en sendas "derrotas" de otros participantes que también desconocían esta normativa.

"Bien, así vamos", pienso, "Educando ya desde pequeños a buscar resquicios legales y a ganar no por propios méritos, sino por puro oportunismo"

Así que chavales, al loro si algún día os animáis con el tema.

Por si alguien quiere saber, termine a media clasificación con resultado bastante mediocre: 5 derrotas y 4 victorias.


jueves, 17 de septiembre de 2015

El Primer Filósofo

En las corrientes del ocultismo antiguo, se representaba al "Primer Filósofo" (sin nombre, ni historia, ni núcleo ideológico) como un ente vacío con forma humana, rodeado también de vacío, en cuyos ojos había dos faros que proyectaban luz: El Filósofo miraba a todas partes tratando de buscar algo, y  veía y encontraba sólo y justo aquello que sus faros proyectaban.
(Recuerdo esta anécdota que me contó un estudioso de las ciencias ocultas, aunque nunca encontré ninguna mención a esta figura arquetipal ni a nada parecido en la red, mientras leo esto:
http://www.eumed.net/libros-gratis/ciencia/2014/27/realidad-ilusoria.html )

lunes, 7 de septiembre de 2015

Pequeños fragmentos de un Cuidador de Rebaños

Encuentro tan natural que no se piense
que, a veces, me echo a reír solo,
sin saber bien de qué, pero es de algo
que tiene que ver con que haya gente que piensa.


¿Una flor tiene acaso belleza?
¿Tiene acaso belleza una fruta?
No: tienen color y forma
y tan sólo existencia.
La belleza es el nombre de algo que no existe,
que yo doy a las cosas a cambio del placer que me producen.
No significa nada.

Entonces, ¿Por qué digo de las cosas: son bellas?



Sólo la naturaleza es divina, y ella no es divina...
Si hablo de ella como de un ente
es que para hablar de ella necesito usar el lenguaje de los hombres
que da personalidad a las cosas,


Si quieren que yo tenga un misticismo, está bien, lo tengo.
Soy místico, más solo en el cuerpo.
Mi alma es pura y no piensa.


la última mirada amiga al sosiego de los árboles, y después, cerrada la ventana, el velón encendido,
sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir, 
sentir a la vida correr por mí como un río por su cauce
y ahí fuera un gran silencio, como el de un Dios que duerme.


No basta abrir la ventana
para ver los campos y el río.
No es suficiente no ser ciego
para ver los árboles y las flores.
También es necesario no tener ninguna filosofía.
Con filosofía no hay árboles: sólo hay ideas.
Hay sólo cada uno de nosotros, como un sótano.
Hay sólo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;
y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese,
que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.


Niño desconocido y sucio jugando a mi puerta,
no te pregunto si me traes un recado de los símbolos.
Te encuentro gracioso porque nunca te vi antes,
y naturalmente, si pudieras estar limpio serías otro niño
y ni habrías venido aquí.
¡Juega en la tierra, juega!
Aprecio tu presencia sólo con los ojos.
Vale más la pena ver una cosa por primera vez que conocerla,
porque conocer algo es no haberlo visto por primera vez,
y nunca haber visto por primera vez es sólo haberlo oído contar.
El modo en que este niño está sucio es diferente del modo en que los otros se ensucian.
¡Juega! Tomando una piedra que te cabe en la mano.
Sabes que te cabe en la mano.
¿Cuál es la filosofía que llega a una certeza mayor?
Ninguna, y ninguna puede venir a jugar nunca a mi puerta.


A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si siente.
No me extravío llamándole hermana mía.
Pero me gusta por ser una piedra,
me gusta porque no siente nada,
me gusta porque no tiene ningún parentesco conmigo.
Otras veces oigo pasar el viento,
y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido.



Acepto las dificultades de la vida porque son el destino,
Como acepto el frio excesivo en lo alto del Invierno —
Cálmamente, sin quejarme, como quien meramente acepta,
Y encuentra una alegría en el acto de aceptar —
En el acto sublimemente científico y difícil de aceptar lo natural inevitable. 



Alberto Caeiro

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Y si me pregunta...?

Diálogo entre un discípulo y su maestro:

-Maestro, si en el día de mi transición, al pasar el umbral, Dios me pregunta porque no fui más justo, recto, compasivo y amable, yo, que tantas veces he sido negligente y descuidado, yo...no sabré qué responderle...

-Si Dios me hace esta pregunta a mí al trascender, tengo muchos y buenos motivos para responderle acerca de mis esfuerzos.
Sin embargo, mi querido alumno, si  en cambio me pregunta porque no fui simplemente yo mismo, entonces...entonces seré yo quien no sepa qué decirle...

El grito desesperado del silencio

En una ocasión un amigo del Mulá Nasrudín fué a visitarlo a su casa.
Se presentó vestido con harapos y mugriento:

-Hola, Mulá - saludó el amigo

-¡Me alegro de verte, compañero! Pero, dime, ¿Qué haces vestido así y con esa cara?

-Quede arruinado - respondió el amigo - perdí mi mujer y fui abandonado por mi familia.Desde entonces vivo en la calle.Si tú pudieras echarme una mano aunque fuera sólo por hoy...

-¡Por supuesto que si compañero! Y le dio ropa limpia, una sopa y alojamiento para dormir, prometiéndole ayudarlo a buscar empleo y empezar una nueva vida.


Por la noche, cuándo ya el huésped dormía, Nasrudín se puso a llorar.

-¿Porque lloras? - le dijo su mujer
Ha venido un amigo y tu has tenido la oportunidad de ayudarlo.

-Lloro, mujer, porque yo, en mi egocentrismo, ni siquiera supe darme cuenta de que mi amigo llevaba largo tiempo hundido, necesitado de ayuda.Y yo no presté atención..hasta que casi fue demasiado tarde.

Suicidio Inconsciente

Estaba buscando cierto fragmento de las Cartas a Theo de Vincent Van Gogh, pero parece que no existe en enlace dónde las encontré.

Una lástima porque se trataba de una auténtica joya literaria, en ella Van Gogh exhibía de una forma (al menos aparentemente) desapasionada, neutral, casi matemática, su deseo de cesar con su propia vida:

 «No me sui­cido por desesperación. Me suicido porque ahora no tiene sentido vivir; mi trabajo está acabado. Además, me ha resultado difícil ganarme la vida, pero seguía adelante porque tenía trabajo que hacer, un potencial en mí tenía que realizarse. Ha florecido, ahora ya no tiene sentido vivir como un mendigo. «Hasta ahora no lo había pensado, ni siquiera lo había visto. Pero ahora es lo único que veo. He florecido hasta el máximo, estoy pleno. Ahora seguir adelante, buscando formas de ganarme la vida, me parece estúpido. ¿Para qué? Por tanto, en mi opinión, no es un suicidio, sino que he llegado a la plenitud, a un punto y aparte, y dejo el mundo alegremente. He vivido alegremente y alegremente dejo el mundo»

rezaba el fragmento que más hondo caló en mí de toda la serie de epístolas.

Esto me lleva a recordar una de las conferencias donde Sergi Torres hablaba del suicidio inconsciente.
Según él, y al parecer respaldado por ciertos estamentos científicos, es el sistema cuerpo-mente el que de forma volitiva  - con mayor o menor intervención de nuestra mente consciente - decide hasta cuándo seguir y cuándo se terminó el juego.
Resumiendo, parece ser que siempre hemos elegido "nosotros" (entendiendo este nosotros como nuestro conjunto, nuestra totalidad del Ser, que incluye el inconsciente y a saber cuantas dimensiones más, a pesar de que a la práctica vivamos desconociéndolas).

Recordé también el Mephistopheles de Fausto 5.0, cuándo fué interrogado por el perplejo doctor acerca de su supervivencia, respondiéndole éste que simplemente sobrevivió porque deseaba vivir.


Con todo, la insistencia y centralidad del budismo acerca de la consciencia, del origen mental de todos los fenómenos, y de la necesidad de gobierno de los propios procesos mentales, ya no para alcanzar la iluminación, sino para llevar una vida sana, se me hacen más obvios que nunca.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Tu vienes de negro..y nosotros volvemos de gris

Sólo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión.

Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Incluso llegaron horas en que deseaba no haber oído nunca la música ni haber visto los colores. No obstante, si la hubiesen dado a elegir, no habría renunciado a ese recuerdo por nada del mundo. Aunque se hubiera muerto por ello. Pues eso era lo que vivía ahora: que hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas.

Las dos no tuvieron que apartarse ni una vez ante nadie, nadie las empujó, ningún coche tuvo que frenar por su causa. Era como si la tortuga supiera por adelantado, con toda seguridad, dónde y en qué momento no pasaría un coche, no habría un peatón. De ahí resulta que nunca tuvieron que correr ni nunca tuvieron que detenerse a esperar. Momo comenzó a sorprenderse que se pudiera andar tan lentamente y avanzar tan deprisa.