sábado, 12 de diciembre de 2015

Un Minuto para el Absurdo

El Maestro era cualquier cosa, menos ampuloso. Siempre que hablaba, provocaba
enormes y alegres carcajadas, para consternación de quienes se tomaban demasiado en
serio la espiritualidad. . . y a sí mismos.
Al observarlo, un visitante comentó decepcionado: «Este hombre es un payaso!».
«Nada de eso», le replicó un discípulo; «no ha comprendido usted ni palabra: un payaso
hace que te rías de él; un Maestro hace que te rías de ti mismo».



En sus años jóvenes, el Maestro había viajado por todo el mundo. Hallándose una vez en
el puerto de Shangai, oyó un griterío cerca de su barco. Al mirar hacia allá, vio cómo un
hombre, inclinado sobre la borda de un junco cercano, sujetaba por la coleta a otro
hombre que se debatía frenéticamente en el agua.
El del junco sumergía al otro de vez cuando en el agua y lo volvía a sacar.
Luego discutían ambos durante un minuto, o algo así, hasta la siguiente zambullida.
El Maestro llamó entonces al grumete y le preguntó de qué discutían. El muchacho sonrió
y dijo: «No discuten, señor. El del junco le pide al otro sesenta yuans por no ahogarle, y
éste sólo ofrece cuarenta».
Tras las lógicas risas de los discípulos, el Maestro dijo: «¿Hay uno solo de vosotros que
no ande regateando con la única Vida que hay?» y todos guardaron silencio.


Cuando le preguntaron si nunca se había sentido desanimado por el escaso fruto que sus
esfuerzos parecían producir, el Maestro contó la historia de un caracol que emprendió la
ascensión a un cerezo en un desapacible día de finales de primavera.
Al verlo, unos gorriones que se hallaban en un árbol cercano estallaron en carcajadas y
uno de ellos le dijo:
«iOye, tú, pedazo de estúpido!, ¿no sabes que no hay cerezas en esta época del año?».
El caracol, sin detenerse, replicó:
«No importa. Ya las habrá cuando llegue arriba».



Los discípulos quedaron desconcertados cuando oyeron al Maestro decir que el mal, visto desde una perspectiva más elevada, es bueno; que el pecado es una puerta de acceso a la gracia.
Entonces les habló de la historia de Cartago, una especie de espina clavada en la carne de la antigua Roma. Cuando Roma, finalmente, arrasó Cartago, se relajó, se debilitó e inició su decadencia.
«Si desapareciera todo mal», concluyó el Maestro, «el espíritu humano acabaría
pudriéndose».



A un grupo de activistas sociales que habían acudido a él para que bendijera un plan que estaban a punto de ejecutar, les dijo el Maestro:
«Me temo que lo que necesitáis es luz, no acción».
Y más tarde lo explicaría:

«Combatir el mal con la actividad es como combatir la oscuridad con las manos. Lo que necesitáis es luz, no lucha»


Cautivado por la melodiosa voz con que el Maestro cantaba versos en sánscrito, un
experto en este idioma dijo:
«Siempre he sabido que no hay en la tierra otro idioma como el sánscrito para expresar
las realidades divinas».
«No seas estúpido», le dijo el Maestro; «el idioma de la divinidad no es el sánscrito, sino
el Silencio».

miércoles, 9 de diciembre de 2015

F.C Dixit

El amor que nos trajo es el único que puede lograr que permanezcamos en este planeta maravilloso de delfines y ballenas; un planeta que inspiró, hasta hizo que hombres como Cesar Vallejo hicieran maravillas a partir de la tristeza; o Whitman a través de la voluntad, o Borges a través de la cabeza. Por ellos soy el Sancho de Jesús que es mi Quijote, por eso traigo canciones con estrellas y poemas con pájaros que son profetas atonizados; un poco de Borges, pero un poco de San Agustín, mares y ríos, cuevas y nidos, panes de la mesa grande donde come el padre. Traigo al gato de Juan el Bautista y a la cabeza de Salomé.



Rabrindranath Tagore, el poeta indio que bautizara Mahatma, es decir, alma grande a Gandhi decía; cuando el hombre trabaja Dios lo respeta, cuando el hombre canta Dios lo ama. 
Y Manuel Machado, el hermano de Antonio decía, hasta que el pueblo las canta las coplas, coplas no son. Y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor; procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar que al volcar el corazón en el alma popular lo que se pierde de nombre se gana de eternidad.


"Mi madre me dijo:
Hasta cuando vas a dejar de pelear para comenzar a vivir porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez...
Y tenía razón porque cuando me animé hacerlo se abrieron todas las puertas, pero no perdí el fuego, por el contrario mi fuego ganó en calidad, antes quemaba... Ahora abriga,acompaña y a veces ilumina"


"Me gusta volver a los Derviches mendicantes en las afueras de Terán.
Uno de ellos al que encontré sentado en medio de un basurero, le pregunté que cual era el lugar que más le gustaba y me dijo:
-"Este, porque aquí me trajo el Señor".
¿Quién podría haber elegido un lugar mejor para mí?"


"Una señora en México, en Ojinaga ... un pueblesito que está al norte del estado de Chihuahua .. allá frontera con Texas, con Estados Unidos si.
Y yo voy cada dos o tres años a cantar .. una señora que siempre me esperaba en la puerta del teatro me dijo:
Señor Cabral, cada vez que usted viene yo estoy aqui.
Claro señora yo ya le conocía la cara, la recuerdo, incluso creo que vengo solo por usted.
Porque me venía acordando siempre de ella, la señora siempre estaba.
¿Puedo ser sincera con usted señor Cabral?
Por supuesto ...
Hay cosas que no le entiendo.
¿Puedo ser aun más sincera con usted señor Cabral?
Por supuesto señora
No le entiendo casi nada.
Le digo señora .. solo por curiosidad porque a mi me gusta que usted venga cada vez que yo vengo, pero solo por curiosidad, si usted no entiende casi nada de lo que yo digo en el escenario ..
¿Por qué viene cada vez que yo vengo?
Y me dijo: Porque de vez en cuando me gusta ver a un hombre libre y feliz.
Le digo: señora nadie entendió como usted lo que yo canto."


"Hay quien duda todavía que nosotros somos ellos, y olvidan que lo de afuera continua lo de adentro. 
Adentro del mar , adentro, donde la isla de pascua, en medio del paraíso donde el caribe descansa, al sur de la Patagonia o al norte de Cochabamba en donde lima es el mundo, o Bolivia la nostalgia, en donde sea que el hombre paso y pasa, en ese lugar hermano estuvo y esta mi casa."


"John Parker Dimitrisky, mi perro,
no puede ver a nadie,
por eso rompe las cartas de amor de la sirvienta,
las flores del jardín,
los juguetes de Miguelito,
los poemas de Pablo,
la Biblia,
las patas de la mesa,
el sofá verde
y los demás también.
John Parker Dimitrisky, mi perro,
no puede ver a nadie,
por eso se come los discos de Silvio,
los libros de Cortazar,
los de Borges,
los de Márquez,
los de Marketing
y los demás también.
John Parker Dimitrisky, mi perro,
no puede ver a nadie
ni al perro de al lado que es negro,
ni al canario de enfrente que es amarillo,
ni a el vigilante de serenazgo
ni a los vecinos, ni a usted,
ni a mi, ni a él mismo.
Porque, John Parker Dimitrisky, mi perro,
es ciego,
es ciego igual que yo,
igual que usted,
y los demás también"



La barrera sin Puerta (Koans del Zen Rinzai)

Hace mucho tiempo, en China, un monje preguntó al Maestro Gensha:
"Soy un novicio que acaba de llegar a este monasterio.¿Desde dónde puedo acceder al zen?"
Gensha respondió:
"¿Puedes oír el murmullo del arroyo de la montaña?"
"Si, puedo", contestó el monje.
"Entra por ahí".


En una ocasión, un monje preguntó al maestro Joshu:
"¿Tiene el perro naturaleza de Buda o no la tiene?"
Joshu respondió:
"¡Mu!"

(En los comentarios del libro de Mumonkan se apunta:
"¡El perro! ¡La naturaleza de Buda! La Verdad se manifiesta al completo.Un momento de Sí o No: perdidos están tu cuerpo y tu alma"")