domingo, 21 de febrero de 2016

Retazos de los "Pensamientos", de Blaise Pascal.



-Corremos descuidados hacia el precipicio, después de que hemos puesto delante de nosotros algo que nos impidiera verlo

-No habiendo podido los hombres curar la muerte,la miseria, la ignorancia, han imaginado, para volverse dichosos, no pensar en ello.

-Si nuestra condición fuera verdaderamente dichosa, no nos sería preciso distraernos de pensar en ella para hacernos dichosos

-Es menester, se dice,recurrir a las leyes fundamentales y primitivas del Estado, que una costumbre injusta ha abolido. Es un juego seguro para perderlo todo; nada será justo con esta balanza. Sin embargo, el pueblo presta fácilmente oídos a estos discursos. Sacuden el yugo desde que loreconocen; y los grandes se aprovechan de su ruina, y de la de estos curiosos examinadores de costumbres recibidas. Por esto es por lo que el más prudente de los legisladores decía que, para bien de los hombres, hay a menudo que deslumbrarles con trampa.
-Este perro es mío, dicen estos pobres niños; aquel es mi sitio al sol.
He aquí el comienzo y la imagen de toda usurpación en la Tierra.
-¿Por qué se sigue a la multitud? ¿Es en virtud de que ella está en razón? ¿O más bien en virtud de que es quien está en la fuerza?
-Nada puede hacer la fuerza en el reino de los sabios; no es dueña más que en el mundo de las acciones exteriores
-Se esconden entre el gentío y llaman al número en su auxilio.Tumulto.
-Uno no se fastidia de comer y dormir todos los días, porque el hambre y el sueño renacen.Sin esto se fastidiaría. 
Así, sin el hambre de las cosas espirituales se vive en permanente fastidio.
Hambre de justicia: octava bienaventuranza.
-El pensamiento: ¡Qué grande es por su naturaleza, qué bajo por sus defectos!
-Por el espacio el Universo me comprende y me traga como un punto.
Por el pensamiento, yo lo comprendo a él.

-No es vergonzoso para el hombre sucumbir bajo el dolor, y sí lo es sucumbir bajo el placer.En el dolor el hombre sucumbe a sí mismo.En el placer, es el hombre que sucumbe al mismo placer.

-La grandeza del hombre es tan visible que se deduce de su misma miseria.

-Somos incapaces de no apetecer la Verdad, y somos incapaces de certidumbre a la vez.Este deseo se nos ha dejado tanto para saber adónde vamos como para sentir de dónde hemos caído.

-...Porque se teme a Dios, en el que no se tiene fe; 
Los unos temen perderlo;los otros temen hallarlo.
-La justicia sin la fuerza es impotente, y la fuerza sin la justifica, tiránica.
-No hay nada más seguro que eso, que el pueblo será débil.
-la sensibilidad del hombre por las cosas pequeñas y su insensibilidad por las grandes denotan un singular trastorno.
-Creen haber realizado grandes esfuerzos para instruirse, cuando han dedicado
algunas horas a la lectura de algún libro de la Escritura, y cuando han interrogado a algún eclesiástico acerca de las verdades de la fe. Después de esto se las dan de haber buscado sin éxito en los libros y entre los hombres. Pero, enverdad, yo les diré lo que he dicho muchas veces: que esta negligencia no es tolerable.
-El mundo juzga bien de las cosas porque se halla en la ignorancia natural, que es la verdadera sede del hombre. Las ciencias tienen dos extremos que se tocan. El primero es la pura ignorancia natural en que se encuentran todos los hombres al nacer. El otro, aquel a
que llegan las almas grandes que, habiendo recorrido todo lo que los hombres pueden saber,encuentran que no saben nada, y se encuentran en esa misma ignorancia de donde partieron; pero es una docta ignorancia que se conoce a sí misma. Aquellos que han salido
de la ignorancia natural y no han podido llegar a la otra, tienen cierto barniz de esta ciencia suficiente y se hacen los entendidos. Perturban el mundo y juzgan mal de todo. El pueblo y los hábiles componen el tren del mundo; aquéllos lo desprecian y son despreciados.Juzgan
mal de todo y el mundo juzga bien de ellos.
-Uno no se imagina a Platón y a Aristóteles sino con sus grandes togas de pedantes.Eran gentes honradas, como todas las demás, que reían con sus amigos; y cuando se divirtieron en hacer sus Leyes y su Política,lo hicieron bromeando; es la parte menos filosófica y más seria de su vida; la más filosófica consistía en vivir sencilla y tranquilamente. Si escribieron de política, fue como para arreglar un hospital de locos; y si aparentaron hablar de ello como de una gran cosa, es que sabían que los locos a quienes se dirigían pensaban ser reyes y emperadores. En traban en sus principios para moderar su locura lo mejor que se podía.

-Pero, puesto que esta religión nos obliga a considerarlos siempre, mientras estén en esta vida, como capaces de la gracia que puede iluminarles, y a creer que en poco tiempo pueden hallarse más llenos de fe que lo estamos nosotros, y que nosotros podemos, por el contrario, caer en la obcecación en que ellos se
encuentran, hay que hacer por ellos lo que quisiéramos que se hiciera por nosotros si estuviéramos en su lugar, y moverles a tener piedad de sí mismos y a dar por lo menos algunos pasos para que prueben a ver si encuentran luz.

-Creen buscar sinceramente el reposo, y en realidad no buscan sino la agitación.
Tienen un secreto instinto que les lleva a buscar en el exterior el divertimiento y la ocupación, instinto que procede del resentimiento de sus continuas miserias; tienen otro secreto instinto, residuo de la grandeza de nuestra primera naturaleza, que les hace conocer que la felicidad no se halla efectivamente más que en el reposo y no en el tumulto

-Quien se considere de tal suerte se espantará de sí mismo y, considerándose sostenido en la masa que la naturaleza le ha dado, entre esos dos abismos del infinito y de la nada temblará a la vista de maravillas tales; y yo creo que su curiosidad se tornará admiración y estará más dispuesto a contemplarlas en silencio que a inquirirlas con presunción

-Se cree, naturalmente, ser mucho más capaz de llegar al centro de las cosas que de abarcar su circunferencia; la extensión visible del mundo nos sobrepasa visiblemente; pero como somos nosotros los que sobrepasamos las cosas pequeñas, nos creemos más capaces de poseerlas, y, sin embargo, no hace falta menor capacidad para llegar hasta la nada que para llegar hasta el todo; y es menester tenerla infinita tanto para lo uno como para lo otro, y me parece que quien hubiera comprendido los últimos principios de las cosas podría llegar también a conocer hasta el infinito. Lo uno depende de lo otro, y lo uno conduce a lo otro.Estos extremos se tocan y se reúnen a fuerza de estar alejados, y se
encuentran en Dios y solamente en Dios.

-Hay que comenzar por aquí el capítulo de las potencias engañosas. El hombre no es sino un sujeto lleno de error, natural e indeleble, sin la gracia. Nada le muestra la verdad. Todo le engaña; estos dos principios de verdad es, la razón y los sentidos, aparte de que
carece cada uno de ellos de sinceridad, se engañan recíprocamente el uno al otro. Los sentidos engañan a la razón por falsas apariencias; y esta misma celada que tienden a la razón la reciben a su vez en ella; la razón toma su desquite. Las pasiones del alma perturban los sentidos, produciéndoles impresiones falsas. Mienten y se engañan a porfía.

-La eternidad de las cosas en sí mismo o en Dios tiene también que pasmar a nuestra pequeña duración. La inmovilidad fija y constante de la naturaleza, la comparación con el cambio continuo que acontece en nosotros tiene que producir el mismo efecto.
Y lo que remata nuestra impotencia para conocer las cosas es que ellas son simples en sí mismas, y nosotros estamos compuestos de dos naturalezas opuestas y de distinto género: alma y cuerpo.

-Un hombre pasa su vida sin aburrirse jugando todos los días un poco. Dadle todas las mañanas el dinero que puede ganar cada día, con la condición de que no juegue: le haréis desgraciado. Se dirá tal vez que lo que busca es la diversión del juego y no la ganancia.Hacedle, pues, jugar sin apostar; no se encenderá y se aburrirá. No es, pues, la simple diversión lo que busca: una diversión lánguida y sin pasión le aburrirá. Es menester que se encienda y se pille a sí mismo, imaginándose que sería feliz ganando lo que no quisiera que se le diera, a condición de no jugar, con el fin de que se forme un motivo de pasión, y que con él excite su deseo, su cólera, su temor,por el objeto que se ha
formado, como los niños se asustan de la cara que se han embadurnado.

-Nuestra inteligencia posee, en el orden de las
cosas inteligibles, el mismo rango que nuestro
cuerpo en la extensión
de la naturaleza.


miércoles, 17 de febrero de 2016

El Soñador del Precursor


Una vez vino del desierto a la gran ciudad de Sharia un hombre que era un soñador, y no tenía nada mas que sus ropas y efectos personales.
Mientras caminaba por las calles miraba con asombro los templos, torres y palacios, pues la ciudad de Sharia era de gran belleza. Hablómucho con los paseantes, preguntándoles sobre su ciudad, pero ellos no entendían su idioma, ni él el de ellos.
A medio día paró delante de una gran posada. Estaba construida de mármol amarillo y la gente entraba y salía constantemente. "Debe ser un lugar sagrado" se dijo así mismo y entró. Pero cual fue su sorpresa al encontrase una sala de gran esplendor y una gran compañía de hombres y mujeres sentadas en varias mesas. Estaban comiendo y bebiendo mientras escuchaban a los músicas. "No" dijo el soñador, esto no es un lugar de adoración. Debe ser una fiesta dada por el príncipe al pueblo en celebración de algún gran acontecimiento.
En aquel momento, un hombre a quien tomó por el esclavo del príncipe, se le aproximó y le dijo que se sentara. Fue servido con carne y vino y con los mejores dulces. Cuando estuvo satisfecho, el soñador se levantó para partir.
Un hombre grande le paró en la puerta, estaba magníficamente vestido "Seguramente debe ser el mismo príncipe" dijo el soñador en su corazón y se inclinó y le agradeció. Cuando el gran hombre habló en el idioma
de la ciudad: "Señor no has pagado tu comida", el soñador no le
entendió y volvió a agradecerle de corazón. Cuando el hombre grande miró mas de cerca al soñador. Y vió que era un extranjero, vestido eso sí en pobres ropas y que no tenía por lo tanto de donde pagar su comida. El hombre golpeó sus manos y a su llamada vinieron cuatro vigilantes de la ciudad. Cuando cogieron al soñador entre ellos situándose dos a cada lado, el soñador les miró con placer. "Estos" dijo, "son hombres distinguidos".
Caminaron juntos hasta la Casa de Justicia y entraron. El soñador vio delante suyo, sentado en un trono, a un venerable hombre con gran barba y vestido majestuosamente. Y pensó que era el rey. Y se alegro mucho de haber sido traído ante él.
El vigilante relata al juez, que era aquel venerable hombre, el cargo contra el soñador y el juez le asigna dos abogados, uno para presentar el cargo y el otro para defender al extranjero. Y los abogados se pusieron de pie, uno detrás del otro y presentaron cada uno sus argumentos. Mas el soñador pensó que estaba escuchando su bienvenida y su corazón se llenó de gratitud hacia el rey y el príncipe por todo lo que estaban haciendo por él.
Así la sentencia le fue dada al soñador, a quien se le colgó en su
cuello una tableta con su crimen escrito y se le hizo atravesar la
ciudad sobre un caballo sin ensillar con un trompetista y un
tamborilero precediéndole. Los habitantes de la ciudad corrieron hacia esta comitiva al oír el ruido y cuando vieron al soñador se rieron de él. Y los niños corrieron detrás suyo en grupos de calle en calle. Y el corazón del soñador estaba extasiado y su ojos brillaban al mirarlos, pues para él, la tablilla era un signo de bendición del rey y la procesión era en su honor.
Durante dicho recorrido, vio entre la multitud a un hombre que era del desierto como él y su corazón se lleno de alegría y le gritó:
"Amigo! ¿Donde estamos? ¿Qué ciudad anhelada por el corazón es esta?
¿Cual es la raza de estos huéspedes pródigos que celebran al huésped afortunado en sus palacios, cuyos príncipes son sus compañeros y cuyos reyes ponen sobre su pecho un amuleto y le abren la hospitalidad de una ciudad que desciende del cielo?
Y aquel que era también del desierto no le respondió. Solo sonrió y sacudió ligeramente su cabeza. Y la procesión siguió de largo. Y el rostro del soñador siguió transportado de alegría.

Y sus ojos estaban llenos de luz.


Khalil Gibran

jueves, 11 de febrero de 2016

Palabras de un Amigo al que nunca conocí

Nací para dar testimonio de un escándalo infinitamente demorado, para que mis ojos se lo beban todo, para que terminen devorando mi copa, para ignorar que la existencia es una interminable suma de miedos.
Nací para sentirme mal, tal vez sólo porque sospecho, culpa de la esperanza, que puede haber un mañana mejor, y yo soy ansioso, no puedo esperar; nací para comprobar en el presente, y gracias al pasado, que nada es tan malo, pero que tampoco nada es tan bueno; nací para ser lo amado, por ejemplo Arthur Rubinstein, al que conocí dando de comer a las palomas en el Campo di Fiore del Trastébere romano, el que con solo apoyar sus incendiadas manos en el teclado podían revivir a Chopin; nací para cultivar la memoria de tal suerte que se enriquecieron mis soledades, que son declaraciones inconscientes de independencia.

Nací para tener que aceptar, dolorosamente, que aunque uno haga mucho, lo esencial será postergado hasta lo infinito; nací para que una extraña ética me condene a estar solo, pues no me permite pactar ni siquiera con aquellos que me ayudarían a sobrevivir; nací para no recordar quién dijo que la gloria es el sol de los muertos; nací para preguntárselo a Borges un día de estos en la Galería del Este, porque él lo debe saber, of course; nací para que él me sepa, nací para que Aquel me piense.
Nací para comprender que el que consigue llegar a su epicentro alcanza la eternidad; nací para perseguir infinitos y nostalgias, para imaginar el Universo, y a mí dentro de él, y a él dentro de mí, para saber que el escocés Carlyle estaba enamorado de Alemania, o de Goethe y Schiller, que es lo mismo.
Nací para leer, traducido, al Schopenhauer que se me adelantó, si yo fuera Nietzsche; nací para aprender algunas voces del inglés y el italiano, para amar al hebreo, al que tal vez nunca alcanzaré.
Nací para curiosear textos expresionistas que jugaban con el lenguaje como jugó Joyce; entre esos curiosos textos descubrí a Kafka, siempre divagando por el infinito; nací para morir con él, entre tortugas y flechas.
Nací para renacer por vos, para que no dejes de soñarme porque si no desaparecería; Nací para hacer nada para nadie, para ser ninguno entre cualquiera.)