lunes, 11 de abril de 2016

Ofici de Setmana Santa

La cultura es el recetario de cocina de la información.
Y si los pasteles culturales no siempre salen del todo buenos es porque, como pasa en Estados Unidos, se dispone de más ingredientes (información) que recetas, o , como en Europa, de más recetas que información.
Por eso los pasteles americanos a menudo nos empachan mientras que los europeos nos empalagan.

Pensar suave.

Bien atender, bien recordar o entender, no equivale siempre a hacerlo con mayor intensidad.
Poseemos una habilidad o dominamos un idioma cuando ya no tenemos que fijarnos en las operaciones manuales o gramaticales de que se compone.
Porque somos capaces de olvidar, por eso somos capaces de reorganizar nuestros conocimientos.
Funes el Memorioso, de Borges, no era capaz de pensar precisamente porque "pensar es olvidar diferencias, es generalizar. es abstraer".Y "en el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles".
Cada cosa y cada situación reclama así su grado de atención - ni más ni menos.Para que las cosas nos hablen, hay que empezar por fijarse en ellas sin fijarlas, hacer que el pensamiento las refleje sin proyectarse en ellas.
Por eso Freud aconsejaba a los psicoanalistas aproximarse a los nuevos pacientes o a los nuevos problemas con una atención flotante que en principio todo lo acoge y nada selecciona.Por el contrario, al forzar la atención nos ponemos también a seleccionar material, "siguiendo en esta selección nuestras esperanzas o tendencias.Y esto es precisamente lo que debemos evitar".
Si nos dejamos llevar por nuestras expectativas, corremos el peligro de no descubrir nunca nada más que lo que ya conocemos, o queremos, o esperamos.
Fijo pues, apenas, mi atención - el concepto de deber, la extraña intimidad del Poder, Simone Martini - y dejo que mi atención vacile a la deriva para que en ella vayan a posarse y hallen cobijo todas las ideas y sensaciones.
Ya sé, pues, que es la atención flotante, sólo me queda ahora por descubrir la escritura flotante.

Gramática de la Fantasía

El canto en el estanque

Si tiramos una piedra, un guijarro, un «canto», en un estanque,
produciremos una serie de ondas concéntricas en su superficie que,
alargándose, irán afectando los diferentes obstáculos que se
encuentren a su paso: una hierba que flota, un barquito de papel, la
boya del sedal de un pescador... Objetos que existían, cada uno por
su lado, que estaban tranquilos y aislados, pero que ahora se ven
unidos por un efecto de oscilación que afecta a todos ellos. Un efecto
que, de alguna manera, los ha puesto en contacto, los ha emparentado.
Otros movimientos invisibles se propagan hacia la profundidad, en
todas direcciones, mientras que el canto o guijarro continúa
descendiendo, apartando algas, asustando peces, siempre causando
nuevas agitaciones moleculares. Cuando finalmente toca fondo,
remueve el limo, golpea objetos caídos anteriormente y que reposaban olvidados, altera la arenilla tapando alguno de esos
objetos y descubriendo otro. Innumerables eventos o microeventos
se suceden en un brevísimo espacio de tiempo. Incluso si tuviéramos
suficiente voluntad y tiempo, es posible que no fuéramos capaces de registrarlos todos. 
 
De forma no muy diferente, una palabra dicha impensadamente,lanzada en la mente de quien nos escucha, produce ondas de
superficie y de profundidad, provoca una serie infinita de reacciones
en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y
recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la
experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se
complica por el hecho que la misma mente no asiste impasiva a la
representación. Por el contrario interviene continuamente, para
aceptar o rechazar, emparejar o censurar, construir o destruir.


Gianni Rodari, "Gramática de la Fantasía", primer capítulo.