domingo, 9 de abril de 2017

Ciudadela

Sorprendido leyendo Ciudadela de Antoine de Saint-Exupéry, un autor que tenemos por olvidado más allá de El Principito...una obra mucho más desafiante por extensión y dificultad, pero que sin duda nada envidia al pequeño hombrecillo galáctico en cuanto a profundidad...aquí algunas citas de valor del libro:


Nada se espera del hombre que trabaja para su propia vida y no para la eternidad.

Sólo importa la diligencia. Porque ella es la que dura y no el fin que es ilusión del viajero, cuando marcha cresta en cresta como si el fin perseguido tuviera sentido.


Si tu amor no espera ser acogido debes callarte. Puede alentar en ti si es silencio. Porque crea una dirección en el mundo y toda dirección te aumenta cuando te permite aproximarte, alejarte, entrar, salir, hallar, perder. Porque eres el que debe vivir.

Cuán insensato el que pretende buscar la dicha de los hombres en la satisfacción de sus deseos, creyendo, de tanto mirarlos andar, que lo que ante todo cuenta para el hombre es el alcanzar el fin. Como si hubiera algún fin.

No inventes un imperio donde todo sea perfecto. Porque el buen gusto es virtud de guardián de museo. Y si desprecias el mal gusto, no tendrás ni pintura, ni danza, ni palacio, ni jardines. Habrás hecho el disgustado por temor al trabajo desaseado de la tierra. Te verás privado por el vacío de tu perfección. Inventa un imperio donde simplemente todo sea ferviente.


Unificar, es anudar mejor las diversidades particulares, no borrarlas para un orden vano.

La dificultad te entrega y te aporta la única libertad que cuenta.


¡Soy Tu!

Un buen día, Juan, un hombre honrado y piadoso, muere.

Como ha llevado una vida valiente, digna y con amor, automáticamente su Alma asciende al cielo.

Al llegar, se encuentra con una enorme puerta dorada.Después de esperar unos instantes,llama con tres golpes.

-¿Quién es? - Pregunta el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Juan - Responde el Alma.

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Sorprendido y consternado, el hombre se queda a la puerta sin saber qué hacer.

Después de algunos meses (que en la Tierra equivalen a algunas horas) reflexionando, vuelve a llamar:

-¿Quién es? - Pregunta de nuevo el arcángel Miguel desde dentro.

-Soy Nadie - Responde Juan-Alma

-¡Fuera! ¡Aquí no hay lugar para ti!


Desolado y confuso, Juan-Alma se sienta a meditar durante algunos años (que en la Tierra equivalen a unos pocos meses) hasta que, serenada su comprensión, golpea tres veces la puerta.


-¿Quién es? - Pregunta otra vez el arcángel Miguel desde dentro.

-¡Soy Tu!


La puerta se abre al momento.



domingo, 2 de abril de 2017

El Quiosco

Un compañero nuestro iba cada día a comprar el periódico en un quiosco dónde el propietario, un hombre frustrado e irritable, siempre lo trataba con menosprecio y desdén.
Sucedía que a sólo un minuto del mismo había otro establecimiento en el que también era posible comprar el mismo periódico, pero el compañero en cuestión iba religiosamente al primero, día tras día.

Cuando, extrañados por su proceder, le preguntamos por que razón no iba al segundo quiosco, nos espetó:

-¿Y porque habría de decidir el quiosquero donde compro o no compro yo el periódico?




¿Cuándo nos comportamos como seres humanos responsables de nuestros impulsos y nuestra voluntad, y cuándo como animales reaccionarios y a merced de lo exterior?

sábado, 1 de abril de 2017

Maktub II

Caminaba con mi editor y su mujer, por un parque. Pudimos ver la ciudad de San Francisco a lo largo, iluminada por un sol potente.Ella escribió un libro sobre un monasterio benedictino, y cuenta que las oraciones de la tarde, llamadas "Vespertinas", son cantos de esperanza para la certeza de que la noche pasará.

"Las vespertinas nos indican la necesidad que tenemos de aproximarnos al otro, cuando la noche llega", dijo ella. "Nuestra sociedad aprecia mucho la capacidad que cada uno tiene de lidiar con las propias dificultades. Este individualismo lleva a la desesperación y a la soledad.

Fingimos que no nos importa la atención de los otros, mas basta un gesto de cariño y nuestra pose de héroe cae por tierra".

"No tengo miedo de depender del prójimo: él también está precisándome a mí".