martes, 21 de abril de 2015

Fragmento de Ralph Waldo Emerson

"Pero ahora somos un populacho. El hombre no siente temor ante el hombre, ni su genio es amonestado para que se quede en casa, para que se ponga en comunicación con el océano interno, sino que se marcha a la calle a mendigar una copa de agua de las ánforas de los otros hombres. Tenemos que marchar solos. Prefiero la iglesia silenciosa antes de comenzar los oficios, mejor que cualquier sermón. ¡Qué lejanas, serenas, castas parecen las personas, rodeadas por un recinto o santuario! Estemos siempre así. ¿por qué tenemos que cargar con las culpas de nuestro amigo, o esposa, o padre, o hijo, porque se sienten alrededor de nuestro fuego, o se diga que tenemos la misma sangre? Todos los hombres tienen mi sangre y yo tengo la suya. Tampoco adoptaré por eso su petulancia o su necedad, hasta el extremo, incluso, de tener que avergonzarme de ellas. Sin embargo, nuestro aislamiento no debe ser mecánico, sino espiritual; es decir, tiene que ser elevación.

De cuando en cuando, el mundo entero parece conspirar para importunarme con pomposas fruslerías. Amigos, clientes, hijos, enfermedades, temor, necesidad, caridad, llaman a la vez a tu puerta y dicen: "Ven con nosotros". Pero conserva tu estado; no te mezcles con su confusión.

El poder que tienen los hombres para molestarme, se lo doy yo con mi débil curiosidad. Nadie puede acercarse a mí sin la complicidad de un acto mío.

"Lo que amamos, eso tenemos; pero con el deseo nos privamos del amor".