jueves, 25 de junio de 2015

Cuénteme su versión de la caída, señor Lewis

Durante largos siglos, Dios perfeccionó la forma animal que llegaría a ser vehículo de la humanidad e imagen de Él mismo. Le dotó de manos cuyos pulgares pudieran alcanzar cada uno de los dedos, y de mandíbulas, dientes y garganta capaces de articular, y de un cerebro suficientemente complejo como para ejecutar todos los mecanismos materiales mediante los cuales se encarna el pensamiento racional. La creatura puede haber existido durante mucho tiempo en este estado, antes de llegar a ser hombre; puede incluso haber sido lo suficientemente inteligente como para fabricar cosas que un arqueólogo moderno aceptaría como prueba de su humanidad. Pero era solamente un animal, porque todos sus procesos físicos y psíquicos estaban dirigidos a fines puramente materiales y naturales.

Entonces, en la plenitud de los tiempos, Dios hizo que sobre este organismo descendiera, tanto en su psicología como en su fisiología, una nueva forma de conciencia que pudiera decir "yo" y "mi", que pudiera verse a sí mismo como un objeto, que conociera a Dios, que pudiera emitir juicios acerca de la verdad, la belleza y la bondad, y que estuviera tanto más allá del tiempo como para que pudiera percibirlo fluyendo hacia atrás. Esta nueva conciencia gobernó e iluminó a todo ese organismo, inundando cada parte de él con su luz, y no se vio —como la nuestra— limitada a seleccionar los movimientos que se llevan a efecto en una parte del organismo, principalmente el cerebro. El hombre fue entonces todo conciencia. Los yoguis modernos afirman —ya sea de manera falsa o verdadera— tener bajo control aquellas funciones, tales como la digestión y la circulación, que para la mayoría de nosotros son casi parte del mundo exterior. El primer hombre poseía este poder en forma notable. Sus procesos orgánicos obedecían la ley de su propia voluntad, no la ley de la naturaleza.
Sus órganos enviaban los apetitos hacia el centro de la voluntad encargado de emitir los juicios, no porque tuvieran que hacerlo, sino porque así lo elegían. El sueño para él era, no el estupor en que nosotros caemos, sino reposo deseado y consciente; él se mantenía despierto para disfrutar del placer y del deber de dormir. Como los procesos de deterioro y reparación de sus tejidos eran similarmente conscientes y obedientes, puede no ser una fantasía el suponer que la duración de su vida dependiera, en mayor parte, de su propia voluntad. Gobernándose totalmente, gobernaba todas las especies inferiores con quienes entraba en contacto.

Incluso hoy en día nos encontramos con individuos extraordinarios, que poseen un poder misterioso para domesticar animales. El hombre del Paraíso gozaba de este poder en forma eminente. La antigua imagen de las bestias retozando ante Adán, y 42 I.e., narración de lo que puede haber sido el hecho histórico. Esto no debe confundirse con "mito" en el sentido dado por el Dr. Niebuhr (i.e., una representación simbólica de una verdad no histórica). adulándolo, puede no ser absolutamente simbólica. Aun hoy en día, hay más animales de los que pueda imaginarse, que están prontos a adorar al hombre si se les ofrece una oportunidad razonable; porque el hombre fue hecho para ser el sacerdote e incluso, en cierto sentido, el Cristo de los animales, el mediador a través de quien ellos aprehenden tanto del esplendor divino como su naturaleza irracional les permita. Y, para ese hombre, Dios no era un plano inclinado resbaladizo. La nueva conciencia había sido hecha para que descansara en su Creador, y en Él descansaba.

No importa cuán rica y variada fuera la experiencia del hombre en cuanto a sus semejantes (o semejante), en cuanto a caridad, amistad y amor sexual, o en cuanto a las bestias o al mundo que lo rodeaba, reconocido por vez primera como hermoso e impresionante; Dios era lo primero en su amor y en su pensamiento, y sin esfuerzo doloroso. En un movimiento cíclico perfecto, el ser, el poder y el gozo, descendían de Dios al hombre, a manera de obsequio, y retornaban del hombre a Dios, en forma de amor obediente y adoración extática. En este sentido, aunque no en todos, el hombre era entonces verdaderamente el hijo de Dios, el prototipo de Cristo, ejerciendo perfectamente con gozo y serenidad de todas las facultades y sentidos, aquel abandono de sí que Nuestro Señor ejerció en las agonías de la crucifixión. A juzgar por sus utensilios, o quizá incluso por su lenguaje, esta bienaventurada creatura era, sin duda, un salvaje. Aún no había aprendido todo aquello que puede enseñar la experiencia y la práctica; si acaso tallaba piedras, sin lugar a dudas lo hacía muy torpemente. Puede haber sido totalmente incapaz de expresar con conceptos su experiencia paradisíaca. Todo aquello es bastante irrelevante. Basándonos en nuestra propia niñez, recordaremos que antes que nuestros mayores nos creyeran capaces de "entender" algo, ya teníamos experiencias espirituales tan puras e importantes como cualquier otra que hayamos tenido desde entonces, aunque no, por supuesto, tan ricas en contextos basados en hechos. Del propio cristianismo aprendemos que existe un nivel —a la larga el único nivel de importancia— en que los sabios y los adultos no poseen ninguna ventaja sobre el simplón y sobre el niño. No me cabe la menor duda de que si el hombre del Paraíso pudiera ahora aparecer entre nosotros, lo consideraríamos un completo salvaje, una creatura para ser explotada o, cuando mucho, protegida. Solamente uno o dos, y aquellos más santos entre nosotros, mirarían a la creatura desnuda, de barba desgreñada y de lerdo hablar, por segunda vez; pero al cabo de breves minutos, caerían postrados a sus pies.

No sabemos cuántas de estas creaturas hizo Dios, ni cuánto tiempo continuaron en estado paradisíaco. Pero tarde o temprano cayeron. Alguien o algo les susurró que podían volverse como dioses —que podían cesar de dirigir sus vidas hacia su Creador, y de tomar todos sus deleites como una gracia sin alianza, como "accidentes" (en el sentido lógico) que surgieron en el curso de una vida dirigida no a esos deleites sino a la adoración de Dios. Así como el joven ansia de su padre una mesada en forma regular, con la que puede contar como suya, con la cual hacer sus propios planes (y con razón, ya que su padre es, después de todo, un semejante), así también las creaturas quisieron estar por su cuenta, preocuparse de su propio futuro, planear su placer y su seguridad, tener un meum del cual —sin duda— pagarían algún tributo razonable a Dios en cuanto a tiempo, atención y amor, pero que era, sin embargo, de ellos y no suyo. Deseaban, como decimos, "llamar a sus almas suyas propias". Pero eso significa vivir una mentira, porque nuestras almas de hecho no son nuestras. Querían algún rincón del universo del cual pudieran decir a Dios, "este es nuestro asunto, no el tuyo". Pero no hay tal rincón. Querían ser sustantivos, pero eran —y deberán ser eternamente— solamente adjetivos. No sabemos en qué acto específico, o en qué serie de actos, encontró expresión el deseo imposible y contradictorio en sí. Según lo que veo, puede haberse tratado literalmente de haber comido una fruta, pero el asunto no tiene importancia alguna. Este acto de obstinación por parte de la creatura, que constituye una total falsedad respecto a su verdadera posición de creatura, es el único pecado al que se puede concebir como la caída.

Ya que la dificultad del primer pecado es que éste debe haber sido demasiado infame, o sus consecuencias no serían tan terribles, pero, sin embargo debe haber sido algo que un ser libre de las tentaciones del hombre caído pueda haber cometido de un modo plausible. El desviarse de Dios hacia uno mismo, cumple ambas condiciones. Es un pecado posible incluso para el hombre del Paraíso, porque la sola existencia de un propio yo —el mero hecho de que lo llamemos "yo"— incluye, desde el principio, el peligro de la idolatría de uno mismo. Como yo soy yo, debo hacer un acto de abandono de la propia voluntad, no importa cuán pequeño o cuán fácil éste sea, para vivir para Dios en lugar de para mí mismo. Este es, si se quiere, el "punto más débil" en la naturaleza misma de la creación, el riesgo que aparentemente Dios piensa que vale la pena tomar. Pero el pecado fue muy infame, porque el yo que el hombre del Paraíso tuvo que someter no tenía resistencia natural alguna a ser sometido. Su data, por así decirlo, era un organismo psicofísico completamente sujeto a la voluntad, y una voluntad completamente ordenada, aunque no obligada, hacia Dios.

El abandono de sí que practicaba antes de la caída no significaba lucha, sino solamente la deliciosa superación de un ínfimo apego a sí, al que le daba mucho gusto ser superado, y del cual vemos, incluso ahora, una débil analogía en la extasiada entrega mutua de los enamorados. En él no había, por lo tanto, tentación alguna (en el sentido nuestro) a elegir el yo —ninguna pasión o tendencia que lo inclinara obstinadamente hacia ello—, nada aparte del simple hecho de que el yo era él mismo. Hasta ese momento el espíritu humano había tenido total control sobre el organismo humano. Sin lugar a dudas, esperaba mantener este control al dejar de obedecer a Dios. Pero su autoridad sobre el organismo era una autoridad delegada, la cual perdió al dejar de ser ésta delegada de Dios. Habiéndose separado tanto como pudo de la fuente de su ser, se había separado de la fuente de poder; ya cuando decimos de las cosas creadas, que A gobierna a B, esto debe significar que Dios gobierna a B a través de A. Dudo de que hubiera sido intrínsecamente posible para Dios continuar gobernando el organismo a través del espíritu humano, al estar éste en rebeldía contra Él. En todo caso, Dios no lo hizo. Comenzó a gobernar el organismo de una manera más externa, no mediante las leyes del espíritu sino mediante aquellas de la naturaleza. Es así como los órganos, ya no gobernados por la voluntad del hombre, cayeron bajo el control de leyes bioquímicas corrientes, y sufrieron todo lo que el interfuncionamiento de aquellas leyes pueda traer consigo a manera de dolor, senectud y muerte. Y los deseos comenzaron a surgir en la mente del hombre, no como los eligiera su razón, sino tal como los hechos bioquímicos y ambientales casualmente los causaran.

La mente misma cayó bajo las leyes psicológicas de asociación y otras por el estilo, que Dios había hecho para gobernar la psicología de los antropoides superiores; y la voluntad, aprisionada en la marejada de la mera naturaleza, no tuvo más remedio que rechazar algunos de los nuevos pensamientos y deseos mediante la sola resistencia, y estos inquietos rebeldes pasaron a ser el subconsciente, tal como lo conocemos hoy. Me imagino que el proceso no fue algo comparable al mero deterioro, como puede ahora ocurrir en un ser humano; fue una pérdida de status como especie. Aquello que el hombre perdió con la caída, fue su naturaleza específica original. "Polvo eres, y al polvo volverás". Al organismo completo, que había sido levantado a la vida espiritual, se le permitió retroceder a su mera condición natural, de la cual había sido levantado al ser creado —tal como mucho antes en la historia de la creación, Dios había levantado la vida vegetal para ser vehículo del reino animal, al proceso químico para ser vehículo de la vegetación, y al proceso físico para ser vehículo del químico. Así es como el espíritu humano, de ser el señor de la naturaleza humana pasó a ser un simple alojado en su propia casa, o incluso un prisionero; la conciencia racional pasó a ser lo que es ahora, un foco intermitente que se apoya en una pequeña parte de los mecanismos cerebrales. Pero esta limitación de los poderes del espíritu, fue un daño menor que la corrupción del espíritu mismo. Se había apartado de Dios 43 Esta es una elaboración del concepto de ley según HOOKER. Desobedecer su ley adecuada (i.e., la ley que Dios hace para un ser como usted) significa encontrarse obedeciendo una de las leyes menores de Dios; e.g., si al caminar en pavimento resbaladizo usted descuida la ley de la prudencia, súbitamente se encontrará obedeciendo la ley de gravedad. y convertido en su propio ídolo, así que, a pesar de que aún podía retornar a Dios44, sólo podía hacerlo mediante un esfuerzo doloroso, y su tendencia era hacia sí mismo. De ahí que el orgullo y la ambición, que el deseo de ser encantador a sus propios ojos y de oprimir y humillar a todos los rivales, que la envidia y la incansable búsqueda de mayor y mayor seguridad, fueran ahora las actitudes que menos le costaran. No se trataba sólo de un rey débil para con su propia naturaleza, sino de uno malo: el espíritu envió a su organismo psicofísico deseos mucho peores que aquellos que el organismo le enviara hacia arriba. Esta condición se transmitió por herencia a todas las generaciones siguientes, ya que no se trató simplemente de aquello que los biólogos llaman una variación adquirida; era el surgimiento de una nueva clase de hombre —una nueva especie que Dios jamás hiciera, que se había pecado a sí misma a la existencia. El cambio que el hombre había sufrido, no era paralelo al desarrollo de un nuevo órgano o de un nuevo hábito; era una alteración radical de su constitución, un desorden en la relación entre sus componentes, y una perversión interna de uno de ellos.

Fragmento de "el problema del dolor", C.S Lewis

Farem un pacte

Farem un pacte mut i callat
Tots junts a favor de la mediocritat
Jo no brillo si tu no brilles
grisor assegurada per la resta dels dies.

Quina mandra,quina por!
Val més viure a mitges, entre la foscor.


Disseminats arriben una colla de penjats
Diuen que som déus anestesiats
Parlen de somnis increïbles més enllà dels bars
Diuen que portem dins més immensitat que els Mars.


Quina mandra, quina por!
Fora de la caverna...segur que s'hi està pitjor!


Aquell pobre il·lús infeliç
Creu poder desafiar el poder de l'home Gris.

Quina mandra, quina por!
Matem-li l'innocència a cop de crítica, apatia i rencor.

sábado, 20 de junio de 2015

Gautama, el Canto de la Victoria

Buscando al constructor de la casa,
he recorrido mi trayecto en el torbellino
de nacimiento sin número,
que nunca escapan a las trabas (de la muerte);
el mal se repite de nacimiento en nacimiento.
Señor de la casa, ¡te veo!
Nunca me construirás una casa,
tu armazón está ahora destruida,
el caballete del tejado está hecho astilla,
se deshizo la estructura.
Mi mente ha llegado a la aniquilación del deseo.

viernes, 19 de junio de 2015

"Pues mantener el Amor encerrado dentro de sí es ir en contra del espíritu de Dios, es prueba de que nunca lo conocimos, de que Él nos amó en vano.”

  Sic transit gloria mundi. De esta manera San Pablo define la condición humana en una de sus epístolas: la gloria del mundo es transitoria. Y, a pesar de saber esto, el hombre siempre parte en busca del reconocimiento por su trabajo.
     ¿Por qué? Uno de los mayores poetas brasileños, Vinícius de Moraes, dice en una de sus canciones:
     “E no entanto é preciso cantarmais que nunca é preciso cantar”
     (Y, no obstante, es preciso cantar
     más que nunca es preciso cantar)
     Vinícius de Moraes está brillante en esas frases. Recordando a Gertrude Stein en su poema “Una rosa es una rosa, es una rosa”, se limita a decir que es preciso cantar. No da explicaciones, no justifica, no usa metáforas. Cuando presenté mi candidatura a este Sillón, al cumplir el ritual de entrar en contacto con los miembros de la casa de Machado de Assis, escuché del académico Josué Montello algo semejante. Me dijo: “Todo hombretiene el deber de seguir el camino que pasa por su aldea”. 
     ¿Por qué? ¿Qué es lo que hay en ese camino?
     ¿Qué fuerza es esa que nos empuja hacia delante, alejándonos del confortable ambiente que nos es familiar y nos lleva a enfrentar desafíos, aun sabiendo que la gloria del mundo es transitoria?
     Creo que ese impulso se llama “la búsqueda del sentido de la vida”.
     Durante muchos años busqué en los libros, en el arte, en la ciencia, en los caminos – peligrosos o cómodos – que recorrí, una respuesta definitiva para esa pregunta. Encontré muchas: algunas que me convencieron durante algunos años, otras que no resistieron un solo día de análisis. Sin embargo, ninguna de ellas fue lo suficientemente fuerte como para poder decir ahora: el sentido de la vida es éste.
     Hoy estoy convencido de que tal respuesta jamás nos será confiada en esta existencia aun cuando al final, en el momento en que volvamos a estar ante el Creador, comprenderemos cada oportunidad que nos fue ofrecida y entonces aceptada o rechazada.
     En un sermón de 1890, el pastor Henry Drummond hablando de ese encuentro, dice:
      “En ese momento, la gran pregunta del ser humano no será “¿Cómo viví?”
     Será, esto sí, “¿Cómo amé?”
      La prueba final de toda búsqueda es la dimensión de nuestro Amor. No será tomado en cuenta lo que hicimos, en qué creímos, o lo que conseguimos.
      Nada de eso nos será reprochado, pero sí nuestra manera de amar al prójimo. Los errores que cometimos ni siquiera serán recordados. No seremos juzgados por el mal que hicimos, sino por el bien que dejamos de hacer. Pues mantener el Amor encerrado dentro de sí es ir en contra del espíritu de Dios, es prueba de que nunca lo conocimos, de que Él nos amó en vano.”
     La gloria del mundo es pasajera, y no es ella la que nos da la dimensión de nuestra vida, sino la elección que hacemos de seguir nuestra leyenda personal, creer en nuestras utopías, y luchar por ellas. Todos somos protagonistas de nuestra existencia, y muchas veces son los héroes anónimos quienes dejan las huellas más duraderas.
      Cuenta una leyenda japonesa que cierto monje, entusiasmado por la belleza del libro chino Tao Te King, resolvió recolectar fondos para traducir y publicar aquellos versos en su lengua patria. Demoró diez años hasta conseguir lo suficiente.
      Mientras tanto, una peste asoló su país y el monje decidió usar el dinero para aliviar el sufrimiento de los enfermos. Pero en cuanto la situación se normalizó, nuevamente partió para recaudar la cantidad necesaria para la publicación del Tao; otros diez años pasaron, y cuando ya se preparaba para imprimir el libro, un maremoto dejó a centenares de personas sin hogar.
      El monje de nuevo gastó el dinero en la reconstrucción de casas para los que lo habían perdido todo. Pasaron otros diez años, él volvió a recoger el dinero y finalmente el pueblo japonés pudo leer el Tao Te King.
      Dicen los sabios que, en verdad, ese monje hizo tres ediciones del Tao: dos invisibles y una impresa. Él creyó en su utopía, libró el buen combate, mantuvo la fe en su objetivo, pero no dejó de prestar atención a sus semejantes. Que así sea con todos nosotros: a veces los libros invisibles, nacidos de la generosidad hacia el prójimo, son tan importantes como aquellos que ocupan nuestras bibliotecas.

martes, 16 de junio de 2015

Sobre relatos creacionistas hindúes y física.

Un relato hindú de la creación nos habla de Brahma, que se sentía aburrido y solo pues, antes de la creación, era "todo lo que existía".
Así , un día Brahma decidió crear un compañero: y de un soplo dió existencia al Garuda.
'-Garuda, estoy solo y aburrido, ¡propónme un juego para que pueda divertirme!`dijo Brahma
'-Está bien.Dame siete días'

Y Brahma esperó.Al terminar el periodo previsto, Garuda llamó a Brahma:
'-Ya está, he creado un campo de juego para ti.Ven, mira'

Y Garuda le enseñó el Universo que había creado como campo de juego para Brahma.

'-Muy bien, entonces...¿cuál será el juego?' Preguntó alegre Brahma.

'-He pensado en lo siguiente: voy a dividirte en partes muy muy muy pequeñas.Y las esparcir´re por este campo de juego.Entonces Tu tendrás que reunirte a ti mismo por y a través de cada una de esas partes pequeñas en las que te he dividido!'

'-Oh, muy bien' Respondió Brahma
'Pero parece algo fácil, ¿No crees? Simplemente, en cuánto me vaya encontrado, sólo tendré que reunirme sin dilación'.

'-¡Oh, por supuesto que no será tan fácil! También haré, además, que cada una de tus pequeñas e innumerables partes, se olvide de que es una parte de ti! De esta forma, para poder reunirte a Ti Mismo de nuevo, ¡Primero cada una de tus partes deberá recordar que lo es!' Dijo Garuda.

'-¡Esto ya me parece más divertido! ¿Cuándo empezamos?'

'-Ahora.'
Dijo Garuda, creando una gran explosión.

¿Cómo se volvió Inmortal el ermitaño?

¿Cómo consiguió la inmortalidad el ermitaño?

Entonces se lo conté:

"-Cada vez que el mal (o uno de sus arquetipos) llamaba a su puerta, él se dedicaba a hacer el bien: daba todos sus bienes a los pobres, aceptaba a gusto todo tipo de humillaciones, se dedicaba con abnegación a los intereses de los más despreciables.

A su vez, cada vez que el bien (o uno de sus arquetipos) se presentaba ante él, el ermitaño trataba con crueldad a los demás, robaba en cuanto tenía la ocasión, traicionaba vilmente a sus allegados."

Cuando el mal quería apesumbrarlo y le mandaba dolores y pesares, él se reía, cantaba y bailaba por el monte y alababa la Creación.

Cuando el bien se apiadaba de él y le enviaba compasión y ternura, él se mostraba afligido, malhumorado y taciturno.

Y cuando por coincidencias del destino ambos se presentaban a la vez a su casa, él se sentaba, miraba fijamente un punto indeterminado, y se mostraba absolutamente neutro a amenazas y consuelos, totalmente indiferente a sus huéspedes.

Y así fue como los dioses se fueron olvidando de él:
"Este hombre es una calamidad" decían los de un bando.
"Parece que no siente nada" argumentaban los de otro.
"Es un completo inútil para nuestros juegos y propósitos", coincidían ambos.

Tanto fue así que el día que estaba fechado para su muerte, la muerte misma (que aquel día tenía más trabajo que de costumbre) se olvidó por completo de él.


Y así fue como el ermitaño se volvió Inmortal.

sábado, 13 de junio de 2015

Gracias, Terry.


  • La pluma es más poderosa que la espada, si la espada está envainada y la pluma muy afilada.
  • La vida de una persona sí pasa delante de sus ojos antes de morir. El proceso se llama "Vida".
  • No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando.
  • Probablemente el último sonido antes de que el Universo se repliegue sobre sí mismo, será alguien diciendo: "¿Qué ocurre si aprieto esto?."
  • La historia tiene la costumbre de cambiar a las personas que se creen que la están cambiando a ella.
  • En pocas palabras, Mort era de esas personas que son más peligrosas que una bolsa llena de serpientes de cascabel. Estaba decidido a descubrir la lógica fundamental del Universo.
  • La mayoría de la gente vive su vida como una especie de borrón en torno al punto donde se encuentra su cuerpo,anticipándose al futuro o aferrándose al pasado. Suelen estar tan preocupados con lo que sucederá que sólo averiguan lo que sucede cuando ya ha sucedido. Así son la mayor parte de las personas. Aprenden a tener miedo porque no saben lo que va a suceder. Y ya les está sucediendo.
  • "Hay una puerta". "¿A dónde va?" "Se queda donde está, me parece".
  • A grandes rasgos, la única habilidad que los alquimistas de Ankh-Morpork habían descubierto hasta el momento era la capacidad de convertir oro en menos oro.
  • ¡Fantasmas del mundo, en pie! No tenéis nada que perder, solo las cadenas.
  • Nosotras somos hadas madrinas de las otras, somos de las que dan a las personas lo que saben que necesitan, no lo que creen que deberían querer.
  • A los dioses no les gusta que las personas no trabajen mucho. Las personas que no están ocupadas continuamente pueden empezar a pensar.
  • Los científicos han calculado que la probabilidad de que ocurra algo tan patéticamente absurdo es de una entre un millón. Pero los magos saben que las probabilidades de una entre un millón se cumplen nueve de cada diez veces.

martes, 9 de junio de 2015

Informe incompleto de un Visitante



-Se levantan cada media revolución planetaria en el mismo momento, guiados por un instrumento que se lo señala.

-Se dirigen a una ubicación, en la mayoría de casos registrados, la misma, en la que permanecen realizando tareas de forma mecánica de diversa índole, durante un periodo de entre 8 y 10 horas.

-Una vez terminado, generalmente, se encierran en una suerte de cubículos aislados de la luz solar y los cambios climáticos del planeta, y permanecen allí hasta el giro planetario siguiente, para realizar otra vez la misma cadena de tareas.

-En el tiempo de desplazamiento estimado de los cubículos en los cuales se encierran para descansar y los cubículos en los que se encierran para realizar tareas mecánicas (de desconocido objetivo y significado) cruzan con otros integrantes de su especie.Observaciones reportadas demuestran que en un porcentaje del orden del 99% no parecen reconocerse entre sí como integrantes de la misma especie, y por lo general muestran una actitud entre indiferente y defensiva durante los mencionados encuentros.

-Se registra que las actividades mecánicas en un cubículo tienen como objetivo el mantenimiento del cubículo de descanso privado de cada individuo.Parece ser que la obtención y mantenimiento de este cubículo resulta algo esencial en la psique de la especie estudiada.

Se desconocen los motivos del aislamiento de cada individuo o pequeño grupo de individuos en cubículos separados, así como los motivos de su construcción, y las causas por las cuales abandonaron sus comunidades integradas en el entorno natural (Informe reportado X60Z28)


-Se registran cubículos destinados a ofrecer suplementos energéticos manipulados por la especie a cambio de objeto estandarizado de transferencia, recibido en los cubículos de actividades mecánicas.
Se desconoce la causa por la cual los individuos no diseñan sus propios sistemas para obtener estos suplementos energéticos del propio planeta, generados naturalmente(Informe X45Z20)


Observaciones subjetivas del investigador:

-Se reporta estandarización de casos de "actividad frenéticovacía", ya registrada en otos sistemas estelares de escasa evolución.La longitud temporal destinada a la contemplación y la reflexión es del orden de un 2% de media, siendo tan sólo entre un 3 i un 5%  los casos en los que aumenta el porcentaje.







(Informe incompleto de un Visitante.Si creéis conocer o conocéis algún punto más del informe, decídmelo y lo añadiré)



viernes, 5 de junio de 2015

Fragmento de "la Escalera Espiritual", San Juan Calímaco

Ví muchas y diversas plantas de virtudes de hombres que vivían en el mundo,las quales se regaban con el agua cenagosa de la vanagloria, y se cevaban con ostentación y apariencia de mundo, y se estercolaban con el estiércol de las alabanzas humanas; las quales trasplantadas en tierra desierta y apartada de la vista y compañía de los hombres, y privadas desta labor susodicha, luego se secaron; porque los arboles criados con este regalo no suelen dar fruto en tierra seca. Su alguno tuviere perfecto odio al mundo, estará libre de tristeza del mundo; mas el que todavía está tocado, no estará del todo libre desta passion: porque cómo no se entristecerá quando alguna vez se viere privado lo que ama? En todas las cosas tenemos necesidad de grande templanza y vigilancia: mas sobre todo nos debemos estremar en procurar esta libertad y pureza de corazón. 

jueves, 4 de junio de 2015

De "La digestión es la cuestión"

El mundo resulta mucho más divertido cuando no solo vemos aquello que se puede mirar, sino también todo el resto. Entonces un árbol deja de parecer una cuchara. Simplificando mucho, esta es solo la forma que percibimos con los ojos: un tronco recto con una corona redonda. Y la vista nos dice que esta forma es una «cuchara». Bajo tierra encontramos como mínimo tantas raíces como arriba ramas en el aire. En realidad, el cerebro debería decirnos algo como «mancuernas», pero no lo hace. El cerebro recibe la mayor parte de la información de los ojos y, solo en contadas ocasiones, vemos en un libro una imagen que muestre un árbol completo. Por lo tanto, comenta diligentemente el paisaje boscoso que pasa a toda velocidad por delante de su vista: «Cuchara, cuchara, cuchara, cuchara».

Si vamos por la vida con este «modo cuchara», pasamos por alto grandes cosas. Bajo nuestra piel continuamente sucede algo: fluimos, bombeamos, aspiramos, exprimimos, reventamos, reparamos y creamos. Una gran pléyade de ingeniosos órganos trabaja de manera tan perfecta y eficiente que una persona adulta necesita cada hora casi tanta energía como una bombilla de 100 vatios. Cada segundo los riñones filtran meticulosamente nuestra sangre para limpiarla, con mayor precisión que un filtro de café, y generalmente durante toda una vida. Nuestros pulmones tienen un diseño tan inteligente que solo consumimos energía al inspirar. La espiración ocurre por sí sola. Si fuéramos transparentes, podríamos ver lo bellos que son: como un juguete de cuerda en grande, blando y con forma de pulmón. Cuando a veces uno está ahí sentado y piensa: «No le gusto a nadie», su corazón ha hecho diecisiete mil veces un turno de 24 horas y tendría todo el derecho a sentirse dejado de lado por ese pensamiento. Si viéramos más de lo que es visible, también podríamos contemplar cómo trozos de células se convierten en personas en el vientre materno.